Rebeca (1940). Alfred Hitchcock.
Los fantasmas existen. Pues, ¿de qué otra forma podemos llamar a esas personas que aún muertas dejan una huella indeleble?
Alfred Hitchcock debía tener muy presente esta idea cuando filmó Rebeca(1940), adaptación cinematográfica de la novela homónima de Daphne du Maurier. Después de una charla con el productor David O’ Selznick, artífice de éxitos como Lo que el viento se llevó, Hitchcock suplió con este proyecto la idea de rodar un filme sobre el hundimiento del Titanic.
El cineasta inglés se adentró en las profundidades de la novela de du Maurier y sacó a relucir todo su trasfondo poético y tortuoso. La historia no puede comenzar de forma más sencilla: un hombre acaudalado, Max de Winter (Laurence Olivier) se enamora de una muchacha en Francia (Joan Fontaine), se casan y se van a vivir al castillo de Manderley. Pero desde el momento que el personaje de Fontaine atraviesa los muros de la edificación, Rebeca, la mujer muerta de Max de Winter se convierte en la verdadera protagonista de la historia.

Rebeca es un fantasma, una sombra corpórea. Está presente en las conversaciones de los criados y los allegados de Max, en los muros de la fortaleza, en las habitaciones del castillo. Es la dueña y señora de Manderley, a pesar de no seguir con vida. La señora Danvers, de rostro hierático y expresión estática, es la fiel custodia del recuerdo de Rebeca.
La presencia de Rebeca es tan absorbente que incluso su nombre anula al de la esposa de Max de Winter. Joan Fontaine no puede pensar más que en la inigualable belleza y elegancia de Rebeca, la sublime Rebeca. No puede evitar pensar que su esposo no es su esposo, sino el marido de una muerta.
Es curioso que un personaje ya sin vida alcance tal profundidad psicológica, lo que advertimos todavía más al conocer su verdadero carácter. Rebeca no era la amante esposa de Max de Winter, sino su torturadora. No era la perfecta señora de Manderley, sino la esposa infiel casada por conveniencia.
Solo cuando Joan Fontaine descubre la verdad, cuando se conocen las verdaderas causas de la muerte de Rebeca, y sobre todo, cuando Manderley es pasto de las llamas, Rebeca desaparece. Ella no existió mientras Max de Winter y su esposa estaban en Francia, y dejó de existir cuando su fiel sirvienta se dejó morir, cuando Manderley se quemó.
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